miércoles, 8 de julio de 2009

"PrVaLbPiA a" Santiago [Ney] Márquez

KAPPA1

Madre en realidad no se mató, ni padre se exilió, ambos envejecieron juntos en nuestra
casa natal, pudriéndose el ánimo mutuamente. Ni mis hermanos partieron en la
búsqueda de un objeto mágico, sino que se volvieron negociantes exitosos y decadentes
morales. Cristian me eligió como compañía porque según él yo era un artista. Tampoco
intenté matarlo. En realidad nada interesante ocurre nunca. Madre realmente gritaba.
Padre realmente era violento y mediocre. Y Cristian era realmente depresivo, tanto que
él sí se suicidó, por eso ayer no intenté matarlo ni lo hubiera logrado si lo hubiese
intentado. Mis tres hermanos negociantes en realidad son solo uno y no tan exitoso,
pero sí bastante decadente, moralmente.
Nací en una noche fría, esto me lo contaron. Me contaron también que estuve a punto de
morir en el parto y que era un bebé débil. Mi padre me contó que esa noche deseó que
muriera. Mi infancia es una nube sin imágenes. Solo recuerdo un sueño. Cristian, la
promesa, el niño luz de la familia, vagaba por un infierno de ciencia ficción mientras yo
lo veía todo como por televisión. De su dolor, como algo visible, fluía una energía que
me hacía escribir versos sublimes. Lo que escribía era un infierno para Cristian, por
donde él vagaba. Despertaba cansado como si no hubiera dormido, pero feliz, feliz. El
resto del día y de los días no había luz ni felicidad. En la adolescencia me reconcilié con
Cristian, nos emborrachamos juntos, frecuentamos bares y fiestas, compartimos música.
Él vivía en el infierno. Yo escribía su infierno y vivía como un rey pobre. El tercero de
nosotros intentaba seguirnos los pasos o comprendernos o anularnos, o aunque sea
competir, pero éramos un dúo inmortal, estábamos por encima del entendimiento de
oriente y occidente. Éramos muy fuertes como para que uno de nosotros perdiera la
batalla. Y éramos inseparables, gozábamos cada instante de nuestra lucha. Algunas
veces, después e discutir, nos abrazábamos y llorábamos.
Sus alas eran recortes de los rieles de los tranvías, que yo mismo le había incrustado con
amor y violencia. Intentaba volar, pero el peso de sus alas no se lo permitía. Entonces le
ofrecía un tónico para sus músculos, que en realidad era un caldo de transgénesis que lo
convertía en una flor venenosa en la que se posaban niños y niñas. Volaban vidrios
rotos y cortaban la flor. Los niños se canibalizaban entre ellos, hasta que Cristian podía
volar, y llegaba a mí, recitando los versos que escribiría en la mañana.


1 Es que el día se vistió de su verdad. Y desarrolla sus competencias sabiendo lo más triste de la
verdad, sus días son un retazo de lo que puede vivir. Siempre pensó y supo que estaba destinado a
algo especial, pero tuvo claro qué era cuando esa tarde llegaron los pájaros costeros como cargando
la panza del mediodía.
Los pájaros tenían una melodía corporal excelente y casi necia, eran de una raza autóctona de su
región. Hablaban de algo como hacer nacer al tiempo, para romper toda linealidad, surgida de un
tiempo artificial y fuera de foco.


*EL AMOR*

ALPHA2

No sabemos dónde viven nuestros hermanos, si es que están vivos. Partieron a una
misión hace décadas, a buscar un objeto que abría el acceso a un sitio donde descansaba
un objeto mágico que les otorgaría algo como la sabiduría o la inmortalidad. Nuestros
hermanos eran gente de pocas palabras, muchachos con vicios de indigente y gestos de
señor feudal. Madre murió, fue hace tanto tiempo… ella era bonita pero gritaba. Se
suicidó cortándose ambas yugulares a la vez con cuchillos. Una mujer inteligente pero
estúpida. Fuimos una familia feliz por unos años, pero no valíamos nada en sociedad,
visitamos lugares hermosos, pero carecíamos de la cultura necesaria como para
disfrutarlos. Padre era alcohólico y se encargaba de madre y de todos nosotros.
Partieron tres, en busca de aquel amuleto. Quedamos dos, un depresivo incesantemente
conversador, mi hermano, y yo. Ayer intenté matarlo. De veras, por eso es que me
decidí a escribir mi testimonio. Pero él es muy rápido. Y desconfiado.
Su mano recorre el mástil de la guitarra con rapidez, pero es notorio que carece de
talento. Es un hombre inteligente, usa pantalones grises, remeras grises. Camina
acentuando a pisada izquierda y sonríe cerrando un poco el costado derecho de la boca.
Adora las sábanas sucias, detesta el dinero. Suele decir que morirá en manos de una
amante, una amante inteligente y hermosa. Su cuerpo es liviano, su alma es un saco
llena de plomo, pero que huele a basura y limón. Prefiere los árboles a los hombres.
Anda por el mundo buscando una razón, una razón seria o convincente, para vivir, o
para morir.


2 Un diamante en la puerta quiere robarle el nombre, pero escapa disparando hilos de codicia,
entonces puede alcanzar una verdad insolente y necia que lo hace engordar y pensar, es todo una
llave para entrar en un estado de conciencia más placentero. El sendero está plagado de cuervos
comiendo corazones humanos con cuchillo y tenedor. La paz es un cristal inexistente que
exportan los países pobres durante las guerras mundiales, es así que el pecho de un superhéroe
griego nunca tiene manchas del carbón de la inteligencia. El mesías de mi religión es tan inútil
como todos los demás, está hecho de hielo, su sangre es un escudo para la dignidad que vive
evitando, vive en una nube enigmática de su perspicacia apagada. En la máquina de devastar
hombres se encontraron dos señoras entradas en años y discutieron largo rato sobre el porvenir
de este tiempo de huesos rotos y panfletos largos, los peces se humedecieron gritando una verdad
solemne, nadie escuchó el susurro del futuro sobre los techos. Un perro esférico se comió un
volcán mientras esperaba a que estallara la fábrica, cuando hubo acabado, llovieron en su
cabecita sin cuerpo millares de instrumentos con los que construir una creencia, pero era un
perro ateo y muy llamativo, entonces los cambió por volcanes de arcilla en donde criar a sus
hijos predilectos. Un revólver grande como la mano de un hombre escribe las oraciones que engendrarán lo que realmente merece llamarse vida.



GAMMA3

La vida se hace esperar y la muerte se hace esperar. No hay tiempo para detenerse a
pensar, más bien no alcanza el tiempo para entender la estructura emocional o la
realidad del tiempo. La vida se escurre, sentimos perder todo sin haber saboreado lo
suficiente. La muerte se tarda, vimos todas las flores en una, nos hartamos del sol, de la
noche, de la vigilia y el sueño, de todos los colores. Todo se presenta al principio como
prometedor de variedad y un final a la lentitud y la trivialidad de todo en la vida. Pero
todo se consta de dos o tres puertas que abrimos y cerramos rápidamente. Toda la
variedad se esfuma, toda esperanza nos hastía. Solo perduran el miedo y la ansiedad.
A la mañana, mi hermano, Cristian…, debería hablar de él primero. Cristian es
depresivo desde siempre. De niño no jugaba, y mientras el resto de los niños nos
entreteníamos los unos a los otros insultándonos y hablando de sexo y drogas, él se
dedicaba a dibujar con un palito en la tierra arenosa del patio. Si alguien se acercaba, él
lo atacaba velozmente con algún palo más grande que el que usaba para dibujar. Era un
niño muy inteligente y era el equivalente del porvenir a los ojos de todos los adultos.
Mis otros hermanos y yo no éramos nada inteligentes. Padre no lo había sido y madre
tampoco, así que era algo común, no sorprendía que fuéramos chicos lentos y
construidos con el tejido de banalidad con que está construida en general la especie.
Pero Cristian era distinto. Y estudió y creció y tuvo amigos y chicas interesantes y
excéntricos. Pronto comenzaron los intentos de suicidio. El año en que madre se mató,
Cristian casi lo logra. Pero no, se mantuvo vivo. El tiempo. Y nuestros hermanos
partieron en busca de una clave, un tesoro, un ídolo.
Padre se exilió. Éramos solo Cristian y yo. Tenía yo que cargar con su enfermedad, una
enfermedad grave que me iba consumiendo mientras él resistía más y más. Una vez nos
quedamos ambos sin trabajo. Compartíamos todas las horas del día y ninguno de los dos
salía de casa. Nos visitaban mis amigos, más alegres que inteligentes. Y nos visitaba
toda una cohorte de suicidas de baja monta y pedantes de toda clase, amigos de Cristian.
Comenzó una hermosa época de intercambio cultural para dos grupos de personas
completamente disímiles. Pero todo era una basura, nada tenía sentido, nadie estaba
creciendo.


3 Dios es un bagre japonés, el tibio bagre japonés que desviste a sus réplicas en pos de una sola
respuesta. Dejo de existir en tu cuerpo, si es que hay cuerpo. Soy un ciclo de hemorragias que
prometen repetir todo en un siniestro ciclo de hemorragias que me tiene por centro. La música de
este futuro frágil en que te encuentro deja ver que todo el futuro cobra sentido ante tus ojos al solo
saber de mis anotaciones sobre los aeropuertos y la posición fetal. Un nudo de fuego y golpes
prometió matarnos por alguna estúpida razón, a las cinco de la tarde, sabiendo la verdad, volviendo
al mundo como fantasmas del tamaño de una uva que hablan al oído a los vivos. Vi la luz al final,
me inyectaron mi último suspiro por una jeringa sucia en tu cama de perro. Fui, angelito imbécil
hacia la luz, y hoy dudo de estar en el mismo universo que antes de eso, dudo de si ya viví mi
última muerte. En el leprosario, en mi cubículo editorial-siquiátrico, viejos perdedores de un
mundo mejor, de los azules y rojos, hacen inteligentes juegos de fantasmas con un único testículo.



SANTIAGO [NEY] MÁRQUEZ (Montevideo, Uruguay, 1986)
Santiago es estudiante de gastronomía. Escribió El jardín Cercado, que pasó a
integrar con la generación inmortal, Corvo y corpo y el último jardín, un libro que se llama
Leprosario. Después escribió Pulsión de Nylon y pielesdeselva, todo esto formaría parte
de la PVLPA. Inédito. Dejó la carrera de letras en humanidades. Leyó poesía en
bares antes de que tocaran bandas de amigos. Tocó en Churrascot, Walter Ego,
y la Casa sin Fotos. Es artista plástico. Hizo las revistas de bajo presupuesto
Sismo, Gol y varias que no salieron nunca, como Tengo Captor y Altalcurnia.
Actualmente publica textos e imágenes en la revista Caracú y en el blog
www.monopatinrojo.blogspot.com

3 comentarios:

  1. Muchas gracias por poner este Silicio en tu revista. Un abrazo grande,
    Santiago [Ney] Márquez

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  2. Un placer Santiago, un abrazo también.
    Raúl Heraud

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